El Ateneo de Madrid: historia de un lugar imprescindible para la cultura española

 

El Ateneo de Madrid: historia de un lugar imprescindible para la cultura española

Hay edificios de Madrid que, además de formar parte del paisaje de la ciudad, guardan entre sus paredes una parte fundamental de nuestra historia. El Ateneo de Madrid es uno de ellos.


Situado en la calle del Prado, muy cerca de la Plaza de Santa Ana y del Paseo del Prado, el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid lleva casi dos siglos vinculado a la vida cultural, científica y política de España.

Por sus salas han pasado escritores, científicos, artistas, políticos e intelectuales de varias generaciones. Allí se han pronunciado conferencias, se han celebrado tertulias, se han discutido ideas y se han escrito algunas páginas de la historia cultural española.

Entrar en el Ateneo es, de alguna manera, entrar en la historia intelectual de nuestro país.



Los orígenes del Ateneo

Para conocer los orígenes del Ateneo tenemos que viajar hasta comienzos del siglo XIX.

En 1820, durante el llamado Trienio Liberal, nació el Ateneo Español con la intención de contribuir a la educación de la ciudadanía y favorecer la difusión de las ideas y del conocimiento.

Aquella primera experiencia tuvo una vida complicada. En 1823 se restauró el absolutismo de Fernando VII y muchos liberales tuvieron que marcharse al exilio.

Pero la idea no desapareció.

En 1835, ya bajo la regencia de María Cristina, nació el Ateneo Científico y Literario, antecedente directo del actual Ateneo de Madrid. Entre sus fundadores se encontraban personalidades como el duque de Rivas, Salustiano de Olózaga, Ramón de Mesonero Romanos, Antonio Alcalá Galiano y Juan Miguel de los Ríos.

Desde sus comienzos, la institución tuvo una clara vocación: crear un espacio dedicado al conocimiento, al debate y a la difusión de las ciencias, las letras y las artes.

Un Ateneo que cambió varias veces de casa

Durante sus primeros años, el Ateneo no tuvo una sede permanente.

Pasó por diferentes lugares de Madrid, entre ellos el palacio de Abrantes, la calle del Prado, la calle de Carretas, la plaza del Ángel y la calle Montera.

A mediados del siglo XIX la institución ya había adquirido una notable importancia y su biblioteca crecía continuamente.

Pero necesitaba un espacio propio que estuviera a la altura de las actividades que allí se desarrollaban.

Finalmente, se construyó el edificio de la calle del Prado, número 21, que continúa siendo su sede histórica.

El proyecto fue realizado por los arquitectos Enrique Fort y Luis de Landecho, mientras que el artista Arturo Mélida se encargó de buena parte de la decoración.

El edificio fue inaugurado en 1884, durante el reinado de Alfonso XII.

Una fachada discreta y un interior sorprendente

Si pasamos por la calle del Prado podemos encontrarnos con una fachada que quizá no haga imaginar lo que se esconde en el interior.

El edificio presenta una arquitectura relativamente sobria hacia la calle, pero una vez dentro aparecen algunos de los espacios más interesantes del Ateneo.

Uno de los grandes protagonistas es el Salón de Actos, decorado con pinturas de estilo neogriego realizadas por Arturo Mélida.

También destaca la llamada Cacharrería, uno de los lugares más conocidos de la institución y escenario durante décadas de numerosas tertulias y conversaciones.

El propio edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento Histórico-Artístico.



La Cacharrería y las tertulias

Si hay una palabra que está inevitablemente asociada al Ateneo es tertulia.

Durante generaciones, sus salas fueron lugares de encuentro para personas interesadas por la literatura, la política, la ciencia, el arte y la actualidad.

En la Cacharrería se reunían los socios y se discutían las cuestiones que preocupaban a la sociedad española.

Podemos imaginar aquellas conversaciones en una época en la que los cafés, las sociedades culturales y los ateneos eran algunos de los principales lugares donde se intercambiaban ideas.

El Ateneo no era simplemente una biblioteca ni una sala de conferencias. Era también un lugar para escuchar, hablar, discutir y aprender.

Y esa tradición del debate y de la conversación es una de las características que mejor explican su importancia histórica.

Por el Ateneo pasó lo mejor de la cultura española

Resulta difícil hacer una lista de todas las personalidades vinculadas al Ateneo sin dejar fuera a muchos nombres importantes.

Entre sus ateneístas ilustres encontramos a Mariano José de Larra, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán, Leopoldo Alas "Clarín", Santiago Ramón y Cajal, Manuel Azaña, Clara Campoamor, Concepción Arenal, Gregorio Marañón o Carmen de Burgos, entre muchos otros.

También estuvieron vinculadas a la institución numerosas figuras de las generaciones del 98, del 14 y del 27.

La propia historia del Ateneo recoge además la presencia de importantes científicos, artistas y políticos.

Por eso recorrer sus salas es casi como recorrer un índice de nombres fundamentales de la cultura española de los siglos XIX y XX.

Una biblioteca con mucha historia

Otro de los grandes tesoros del Ateneo es su Biblioteca.

Desde los primeros años de la institución se consideró fundamental reunir libros, periódicos y publicaciones que permitieran a sus socios estudiar y ampliar sus conocimientos.

La colección fue creciendo gracias a las compras, pero también a las donaciones y legados de sus propios miembros.

Con el tiempo se convirtió en una biblioteca especialmente valiosa por sus fondos de los siglos XIX y comienzos del XX.

Entre sus colecciones se conservan numerosas publicaciones, folletos y obras que permiten conocer mejor la historia intelectual y cultural de España.

La biblioteca ha sido además escenario de estudio para varias generaciones de escritores e investigadores.

La escritora Emilia Pardo Bazán, que conoció bien la institución, llegó a dedicar palabras especialmente elogiosas a la Biblioteca del Ateneo.

Mujeres en el Ateneo

Durante mucho tiempo, la presencia de las mujeres en instituciones culturales y académicas estuvo condicionada por las normas y costumbres de cada época.

Sin embargo, algunas mujeres consiguieron abrirse camino y dejar una huella importante en el Ateneo.

Entre ellas encontramos nombres como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Clara Campoamor, Victoria Kent, María Zambrano, Rosa Chacel o Carmen Laforet.

En los últimos años, el Ateneo ha trabajado también para incorporar a su Galería de Retratos a mujeres que tuvieron un papel destacado en la cultura, la política y la sociedad españolas.

Así, los retratos de históricas ateneístas forman hoy parte de la memoria visual de la institución.

Un lugar donde también se habló de política

Sería imposible contar la historia del Ateneo sin mencionar su relación con la vida política española.

El carácter abierto de sus debates hizo que por sus salas pasaran numerosos políticos e intelectuales.

Algunos de sus presidentes fueron figuras de gran relevancia pública, entre ellos Antonio Cánovas del Castillo, Segismundo Moret, Gumersindo de Azcárate, Miguel de Unamuno y Manuel Azaña.

Precisamente la intensa actividad política e intelectual de la institución hizo que atravesara también momentos complicados.

Durante las dictaduras de Primo de Rivera y Franco su actividad se vio seriamente afectada.

En 1924 el Ateneo fue cerrado durante la dictadura de Primo de Rivera. Tras la Guerra Civil, la institución fue intervenida y pasó por una etapa muy diferente de su historia.

Con el paso del tiempo recuperaría su actividad cultural y su carácter de espacio abierto al debate.

El Ateneo de Madrid en la actualidad

Dos siglos después de sus orígenes, el Ateneo continúa desarrollando actividades culturales.

Hoy organiza conferencias, presentaciones de libros, exposiciones, cursos, debates, actividades musicales y teatrales, además de mantener su biblioteca y archivo.

La institución cuenta actualmente con su sede histórica de la calle del Prado y con espacios complementarios que permiten desarrollar su actividad cultural.

También se puede consultar su catálogo y parte de sus fondos a través de los recursos digitales de la Biblioteca.

Esto es quizá lo más interesante del Ateneo: no se ha convertido simplemente en un museo de su propio pasado.

Continúa siendo un lugar dedicado a la cultura.

Un pequeño viaje por la historia de España

Hay lugares de Madrid que podemos visitar simplemente para admirar su arquitectura.

En otros, además, podemos intentar imaginar a las personas que pasaron por allí.

El Ateneo pertenece a esta segunda categoría.

Cuando recorremos sus salas podemos pensar en Larra, Galdós, Pardo Bazán, Unamuno, Valle-Inclán, Ramón y Cajal, Azaña o Clara Campoamor.

Podemos imaginar una tertulia en la Cacharrería, una conferencia en el Salón de Actos o a un estudiante pasando horas en la biblioteca.

Y es precisamente esa acumulación de historias lo que hace que el Ateneo sea un lugar tan especial.

Una visita imprescindible para conocer Madrid

Madrid tiene muchos museos, palacios, iglesias, plazas y monumentos que nos permiten conocer su pasado.

Pero también tiene lugares menos evidentes que ayudan a entender la historia de las ideas y de la cultura.

El Ateneo de Madrid es uno de ellos.

Situado en pleno centro de la ciudad, en la calle del Prado, sus paredes han sido testigos de casi dos siglos de debates, tertulias, conferencias y encuentros.

Quizá por eso, cuando caminemos por esta zona de Madrid, merezca la pena detenernos un momento ante su puerta.

Porque detrás de ella no encontramos solamente un edificio histórico.

Encontramos dos siglos de cultura española.

Y, sobre todo, encontramos un lugar que nació con la intención de difundir el conocimiento y que, después de tantos años, continúa haciendo de la cultura, la conversación y el pensamiento una parte fundamental de la vida de Madrid.

Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid
Calle del Prado, 21
28014 Madrid

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