El Café Gijón: un rincón de Madrid donde la historia se escribe entre cafés

El Café Gijón: un rincón de Madrid donde la historia se escribe entre cafés


Hay lugares en Madrid que son mucho más que un edificio, un restaurante o un café. Son lugares que forman parte de la historia de la ciudad y que, durante décadas, han sido testigos de conversaciones, encuentros, tertulias y momentos que han dejado su huella en la vida cultural madrileña.

Uno de ellos es el Café Gijón, situado en el número 21 del Paseo de Recoletos. Su fachada quizá no llame especialmente la atención al paseante que recorre esta céntrica avenida, pero tras sus puertas se esconde una historia que comenzó hace más de un siglo.


Un café con más de un siglo de historia

El Café Gijón abrió sus puertas en 1888, cuando Madrid era una ciudad muy diferente de la que conocemos hoy. Su fundador fue Gumersindo García, un asturiano que decidió establecer este café en el Paseo de Recoletos.

Con el paso del tiempo, aquel establecimiento fue convirtiéndose en uno de los lugares de reunión preferidos de escritores, periodistas, artistas e intelectuales.

Y es que los cafés tuvieron durante mucho tiempo un papel fundamental en la vida cultural de las ciudades. Antes de la aparición de las redes sociales, de internet e incluso de muchos de los medios de comunicación actuales, una mesa de café podía convertirse en el lugar perfecto para intercambiar ideas, discutir sobre política, hablar de literatura o simplemente dejar pasar las horas en compañía.

El Café Gijón hizo de aquellas tertulias una auténtica tradición.

Las tertulias del Gijón

Si hay algo que ha dado fama al Café Gijón son precisamente sus tertulias literarias.

Por sus mesas pasaron algunos de los nombres más destacados de la cultura española del siglo XX. Escritores, poetas, periodistas, pintores y otros artistas encontraron allí un lugar donde reunirse y conversar.

Entre quienes estuvieron vinculados al café se encuentran figuras como Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós, Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna, Camilo José Cela o Arturo Pérez-Reverte, entre muchos otros, aunque la relación de escritores y artistas asociados al Gijón es mucho más extensa.

No todos acudieron necesariamente en las mismas épocas ni formaron parte de una única tertulia, pero sus nombres contribuyeron a construir la leyenda de este establecimiento.

Las mesas del Gijón fueron así convirtiéndose en pequeñas islas de conversación en las que se hablaba de literatura, arte, actualidad y de todo aquello que interesaba a sus clientes.

Un café en tiempos difíciles

El Café Gijón también vivió algunos de los momentos más convulsos de la historia española.

La Guerra Civil y los difíciles años de la posguerra transformaron profundamente Madrid y también su vida cultural. Sin embargo, el café continuó siendo un punto de encuentro.

Durante la posguerra, numerosos escritores y artistas encontraron en sus salones uno de los pocos espacios en los que podían mantener viva aquella tradición de las tertulias.

Fue precisamente en esos años cuando la fama literaria del Gijón se consolidó definitivamente.

La imagen del escritor sentado ante una mesa, con un café delante y un cuaderno o unos papeles sobre ella, acabó formando parte del imaginario madrileño.

El Premio Café Gijón

La relación del establecimiento con la literatura no se quedó únicamente en las tertulias.

En 1949 nació el Premio Café Gijón, destinado a reconocer obras de narrativa y que con el paso de los años se convirtió en uno de los premios literarios más conocidos de España.

La iniciativa surgió vinculada al ambiente literario del propio café y contribuyó todavía más a convertirlo en un símbolo de la literatura contemporánea.

A lo largo de su historia, el premio ha reconocido a numerosos escritores y ha servido también para dar a conocer nuevas voces de la narrativa española.

Un lugar que forma parte de Madrid

Lo interesante del Café Gijón es que no hace falta ser escritor ni un gran aficionado a la literatura para disfrutar de su historia.

Está en un lugar privilegiado de Madrid, en pleno Paseo de Recoletos, muy cerca de la Biblioteca Nacional, la Plaza de Cibeles y el comienzo del Paseo del Prado.

Después de visitar alguno de estos lugares, acercarse al Gijón permite hacer algo tan sencillo como sentarse y tomar un café en un establecimiento que lleva más de cien años formando parte de la ciudad.

Y quizá ese sea uno de sus mayores encantos.

No es solamente contemplar un lugar histórico, sino ocupar durante unos minutos el mismo espacio en el que tantas personas se reunieron para conversar, escribir, discutir y compartir sus ideas.

Una mesa con mucha historia

Cuando entramos en un establecimiento histórico solemos fijarnos en su decoración, en los muebles antiguos o en las fotografías que recuerdan su pasado.

En el Café Gijón, sin embargo, es fácil imaginar algo más.

Podemos pensar en aquellas tertulias en las que los escritores discutían sobre sus libros, en los periodistas comentando las noticias del día o en algún joven autor intentando abrirse camino en el mundo literario.

Porque la verdadera historia del Gijón no está solamente en sus paredes.

Está en las miles de conversaciones que han tenido lugar entre ellas.



Más que un café

Madrid ha cambiado muchísimo desde aquel lejano 1888. Han desaparecido comercios, teatros, cafés y lugares de reunión que en su día fueron importantes para la ciudad.

Por eso resulta especialmente interesante que el Café Gijón haya conseguido mantenerse abierto y conservar su vínculo con la vida cultural madrileña.

Visitarlo es acercarse a una pequeña parte de ese Madrid literario que ya casi pertenece a otra época.

Un Madrid de cafés, tertulias, periódicos, libros y largas conversaciones.

Un Madrid en el que, quizá, una simple taza de café podía ser el comienzo de una amistad, de una novela o de una interminable discusión literaria.

Y precisamente por eso, cuando volvamos a caminar por el Paseo de Recoletos, merece la pena detenerse ante el número 21 y recordar que detrás de esas puertas hay más de un siglo de historias.

Porque algunos lugares no necesitan monumentos para formar parte de la historia de una ciudad. A veces basta con una mesa, una conversación y un café.

Café Gijón

Paseo de Recoletos, 21 — Madrid

Comentarios

Entradas populares de este blog

Casa Lucio, un mesón con historia

Oso y Madroño

Real Jardín Botánico de Madrid